Territorios y Poblaciones del Departamento del Atlántico
Barranquilla es conocida como la Puerta de Oro de Colombia debido a su preponderancia económica y comercial a orillas del río Magdalena. Es cuna del afamado Carnaval de Barranquilla, patrimonio inmaterial de la humanidad, y un epicentro de vanguardia arquitectónica con influencia republicana y moderna.
La Sociedad Colombiana de Arquitectos - Regional Atlántico mantiene un estrecho acompañamiento técnico en materia de ordenamiento territorial, expansión urbana, planeación y sustentabilidad en los corregimientos y cascos urbanos de la geografía departamental de Barranquilla.
Buscamos defender el urbanismo coherente, los espacios públicos robustos y la conservación del patrimonio edificado en este municipio, promoviendo el marco de actuación ética y el rigor técnico de la arquitectura.
A finales del siglo XIX y principios del XX, Barranquilla recibió el grueso del movimiento portuario e inmigratorio de Colombia a través de Puerto Colombia y el río Magdalena. El Edificio de la Aduana fue el corazón operativo de este fenómeno. En sus oficinas se fiscalizaban, controlaban y nacionalizaban casi todas las mercancías, materias primas y tecnologías que entraban o salían de la nación, financiando una parte sustancial del presupuesto nacional y dinamizando la economía de todo el país.
A diferencia de la mayoría de las catedrales latinoamericanas que siguen líneas coloniales, barrocas o neogóticas, la Catedral María Reina destaca por su imponente estilo modernista y de vanguardia. Diseñada por el arquitecto italiano Angelo Mazzoni de Grande y modificada por la firma local Vasquez y Cárdenas, su estructura de hormigón armado presenta líneas audaces, una fachada parabólica única y una total ausencia de las tradicionales columnas internas, lo que genera un espacio diáfano y monumental que puede albergar a más de 4,000 personas.
Durante más de medio siglo, Barranquilla creció dándole la espalda a su principal arteria fluvial debido al uso industrial y portuario de la ribera. El Gran Malecón rompió esa barrera física y psicológica. Al recuperar el acceso público al río, devolvió a los ciudadanos el paisaje fundacional que permitió el nacimiento de la ciudad, permitiendo contemplar de cerca la majestuosidad del Magdalena justo antes de su desembocadura en el mar Caribe.